No siempre hay que tener una respuesta

No siempre hay que tener una respuesta
A veces vivimos las preguntas como si fueran una señal de que algo falla. Buscamos una certeza que calme el ruido, una frase que ordene lo que sentimos. Sin embargo, hay momentos en los que no saber todavía también forma parte del camino.
Darse tiempo no es quedarse quieto. Puede ser una forma de escucharse con más honestidad y permitir que aparezca una comprensión que no se puede forzar.